28 septiembre, 2020

El espejismo de la eficiencia económica por Eduardo Caballero

Existe un consenso creciente acerca de la necesidad de incorporar la eficiencia económica y la competencia como principios rectores de la formulación de políticas públicas en el campo económico, a todo nivel. Esto supone el triunfo nominal de aquellos que defienden la asignación de los mercados sobre la planeación estatal como motor del desarrollo económico.

Así, comparado a las viejas políticas de distribución para el desarrollo aplicadas en América Latina, la asignación «eficiente» pone de los recursos sociales en manos de aquellos que más lo valoran. Esto asegura el funcionamiento óptimo del mercado, siempre y cuando no medien costos transaccionales. De acuerdo con esta perspectiva, la eficiencia económica proporciona una referencia normativa «objetiva e imparcial» desde la cual es posible proponer asignaciones de recursos que incrementan el bienestar social sin riesgo de interferirlas por consideraciones distributivas que, por su indefinición concreta, tienden a elevar la discrecionalidad gubernamental en aras de alcanzar una nebulosa equidad. Esta suele ser la visión que prevalece en la actualidad en los programas de reforma estructural practicados en los países en desarrollo.

La eficiencia económica normativa tiende a desempeñar en el análisis de los mercados un papel semejante al de la ideología en los asuntos sociales, a saber, presenta al analista con un estándar normativo que es imposible satisfacer; por lo que todas las transacciones aparecen como casos graves o leves de «imperfección de mercado» que debe ser intervenido. Un estándar así concedido no proporciona la información que el regulador necesita para construir instituciones estables de mercado; por el contrario, lo invita a intervenir en todo momento. Se trata, por lo tanto, de un estándar normativo que carece de toda utilidad práctica para ser libre de referencia en la aplicación de políticas públicas, dado que su concepción es, desde una perspectiva epistemológica, insostenible.

Por esta razón, el espejismo de la eficiencia económica construye un hábito de pensamiento en el investigador económico, hacia problemas que nada tienen que ver con la constitución de instituciones que permitan fortalecer los mercados, que es lo fundamental para los países en desarrollo, y la razón de ser que está detrás de la introducción de políticas de competencia.

La idea de que la formulación de las políticas públicas sobre los mercados dependen de los hábitos de pensamiento fue propuesta desde temprano por Friedrich Hayek: «Me parece que muchas de las controversias actuales sobre la teoría económica y política pública tienen en común un malentendido sobre la naturaleza del problema económico de la sociedad. A su vez, este malentendido se debe a una aplicación errada sobre fenómenos sociales de los hábitos de pensamiento que hemos desarrollado en el análisis de los fenómenos de la naturaleza». Estos «hábitos de pensamiento» han sido un factor decisivo de la percepción predominante entre los economistas sobre los fenómenos sociales, lo que vino a influenciar la dirección que habrían de tener las políticas públicas en procura de fortalecer los mercados, especialmente a partir de la década de 1980, con la apertura económica producida en el mundo.

Autor: Eduardo Caballero
Director para los DDHH del Centro Thatcher capítulo Venezuela

Redes Sociales: @EduardoC_Vzla

Eduardo Caballero

Estudiante de Derecho de la Universidad Arturo Michelena || Director para los Derechos Humanos del Centro Thatcher || Liberal || Escribo para el portal www.WTCradio.net || Redes: @EduardoC_Vzla

Ver todas las entradas de Eduardo Caballero →

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: