Sociología de la vida cotidiana por Manuel Canales

El artículo siguiente plantea una formulación de la cuestión de la “sociología de la vida cotidiana”. No pretende exhaustividad en la revisión de las múltiples variaciones sobre el tema. La opción es más bien problematizante, tratando de señalar las distinciones básicas con que las sociologías intentan cubrir o dar cuenta de la polaridad cotidiano/extracotidiano.

En una primera aproximación, se propone una conceptualización de lo cotidiano y su posible pertinencia sociológica. Para ello, se trabaja con los conceptos de obviedad -naturalización y se propone el par saber/deber como los dos ejes en que lo cotidiano es sociológicamente relevante.

En una segunda sección, se esboza el planteamiento cognitivista, siguiendo de cerca a los clásicos Berger y Luckmann y refiriendo someramente el planteamiento de la etnometodología.

En la tercera sección, se discute el planteamiento vinculado a la sociología de los discursos o del habla. Allí, se sigue de cerca la pregunta por el estatuto ideológico de lo social y lo subjetivo y su regulación semiótica o, en sentido ampliado, lingüística.

En la cuarta, se enuncian algunas líneas que proyectan la pregunta por lo cotidiano. Líneas metodológicas, que conectan con el enfoque cualitativo de investigación social. Líneas teóricas que conectan con el enfoque “reflexivo” o sistémico para indicar la centralidad del observador en la configuración de lo social.


1. COTIDIANO/EXTRACOTIDIANO

La mediación intersubjetiva

No es posible separar lo cotidiano en atención a criterios puestos por un observador exterior. Un extranjero -como lo es figurativa y paradójicamente un sociólogo- no puede saber de antemano lo que para, o en, una sociedad determinada es cotidiano de lo que no lo es. No le queda más, como al observador emic de Pike (1), que preguntarle a los sujetos de dicha sociedad. El observador exterior solo puede saber de esto, a condición de reconocer lo que ya conoce el observador interior.

Lo cotidiano es un campo de eventos que son conocidos, y más precisamente, “convividos” como tales por los sujetos. La separación no resulta desde ninguna deducción, y solo puede alcanzarse, aun en su provisoriedad real, desde las propias distinciones del intersubjetivo que lo construye y lo reproduce, o que lo soporta y lo cambia.

Una sociología de la vida cotidiana, se inscribe a sí necesariamente en la tradición que, desde Dilthey (2) y Weber (3), asume un estatuto particular a los hechos sociales, vinculado a la mediación del significado (Dilthey) o del sentido (Weber). Separación definitiva, epistemológicamente, del orden de los hechos naturales al modo de la biología, la física o la química. Las sociedades son sistemas que producen y acumulan en la transubjetividad, y las claves de su conocimiento exigen la especificidad de una mirada “hermenéutica” o comprensiva.

Obviedad y naturalización del mundo social

  1. Rutina

En una aproximación directa, lo cotidiano puede ser identificado como el orden de las situaciones y acciones repetidas. Como en las “rutinas”, en que el actor reitera o representa de oficio un camino ya moldeado en su dirección y sus opciones.

Sin embargo, la sola reiteración no puede dar con la frontera de lo cotidiano. Ciertas situaciones, por más que repetidas, pueden ser vividas de mod oextracotidiano. De hecho, en la medida que hablemos de un actor “profesional”, su rutina no puede confundirse con la aplicación “mecánica” de un guión. Cada vez debe actuar, así se sostiene a menudo, como por primera vez. La representación es cada vez una interpretación que debe ser vivida como tal por el actor.(4)

Lo “rutinario”, sólo equivale a lo cotidiano en la medida que indique algo más que la “repetición”. Debe estar provisto de una particular modalidad de la vivencia. Y así llegamos a un callejón sin salida: rutinario es lo que un sujeto vive como rutinario.

  1. Obviedad

Lo que caracteriza al evento cotidiano, es que es vivido o significado desde un particular modo de observación del sujeto. Es una vivencia en que la subjetividad se inscribe en el orden del obvio. Lo cotidiano resulta de un modo de ver la realidad, o lo que es lo mismo, de un modo en que la subjetividad participa de las representaciones sociales.

Lo “obvio” corresponde a todo evento que se caracteriza por la inmediatez entre lo que es y lo que puede ser. Entre la realidad y las posibles realidades entre las que aquella se afirma. Eventos en los que la contigencia o relatividad de un hecho social se borra en una suerte de absolutización o naturalización. Lo social queda sub-tendido, como trasfondo de obviedad o implicitación, en las observaciones que realiza el sujeto-actor cotidiano.

Lo obvio, como orden, se genera en una disposición del sujeto que le lleva a participar de los intercambios sociales (5) -sus descripciones y sus valoraciones- sin distanciarse propiamente como sujeto socializado. Lugar en que la institución social se aplana, en su origen y relatividad histórica, para presentarse como “realidad” social.

Siempre se trata del olvido de un origen. Lo instituido como realidad -instituido por el propio intersubjetivo social- se presenta como a realidad sin más.

Obvio designa, precisamente, el resultado de un tipo de observación en que el observador se suspende en los intereses y jugadas del actor. Para el actor, en cualquier situación, importa sólo lo que haya de información para su estrategia. Por lo mismo, lo que sea redundante o adecuado a las expectativas previas, no constituye propiamente foco de atención. La atención se activa para enfocar en cambio lo que no “fluye”, lo que se aleja del curso corriente de esa situación. Esto es, lo que llama a ponerse a pensar o interpretar o medir de nuevo.

La obviedad, en este sentido, corresponde a todo lo que el sujeto “da por visto” o por sabido. Lo que implicitado en sus explicitaciones, que lo mismo son la base de su comprensión que lo que no es necesario de tematizar como tal. Obvio es, por definición, lo que no llama la atención activa. Y en donde opera, por lo mismo, el llamado de atención más potente. (6)

  1. Naturalización del mundo social

La censura, por no pertinencia o por represión, del fundamento social – es decir, contigente, relativo sólo al orden construido por la propia transubjetividad- de los intercambios entre sujetos, es lo que se indica en el concepto de “naturalización” de lo que en su origen es precisamente lo otro a lo natural: lo histórico o socialmente originado. Así, el sentido de lo que es real y el sentido de lo que se debe o puede hacer, queda inscrito más allá de lo observable o discutible por los sujetos que, después de haberlo instituido, ahora lo viven como dotado de legalidad propia, al modo en que asumimos la irreductibilidad y ajenidad del mundo de la naturaleza. (7)

Sociología del sentido común

Lo cotidiano, como el subtexto del tejido de las acciones sociales, implica una relación del sujeto con sus representaciones. Relación de inmediatez, como en la estructura del discurso de la acción, en que el actor debe hacer lo que ya sabe e interpretar sólo lo pertinente o informativo en dicha situación. Espacio en que el código de sus observaciones opera sin ser visto.

Esa relación de inmediatez, en lo que exista en el discurso del sentido común, permite acceder a un lugar básico del orden social. En lo obvio, la sociedad ha quedado velada como orden autogenerado y por lo mismo relativa a sí misma – esto es, históricamente situada-. Lo que se ha definido y valorado como real y como bueno, se presenta ahora como lo que es y como lo que vale -de por si o “naturalmente”- (8)

  1. Obviedad y autoproducción social

Al inicio fue una observación. Un agente social definió y valoró, desde su perspectiva. La zona social de lo obvio, indica un efecto central en la socialidad: orden que se crea a sí mismo, como resultado de unas observaciones que fijan unas imágenes y unos valores, y que luego borra esa autodeterminación o historicidad en una pretensión de realidad inmediata y natural. La dualidad sujeto/sociedad, queda unificada en la unidad del sujeto en su realidad.

Efecto de una perspectiva aplicada, que, como observación de primer orden, no da lugar un perspectivismo reflexivo o crítico o de segundo orden.

  1. Obviedad y reproducción social

Al sociólogo le interesa lo cotidiano, a nuestro juicio, porque es en esa zona de situaciones en donde el orden social se reproduce por antonomasia y cambia, llegado el caso, de modo crítico.

La sociedad es un orden que regla los intercambios entre sujetos. Código que define y norma lo que, intersubjetivamente, ha de ser referido como lo “común”, como lo que es y vale en sociedad. Precisamente cuando lo que sabe el sentido común, se vivencia como lo que es “corriente” o normalidad plena, entonces el código opera sin ser visto como tal . Lo obvio es sobre todo el momento en que lo social es opacado por la imagen de realidad natural. Las representaciones se hacen transparentes, como si fuesen la realidad a la que refieren. El estatuto social de esas interpretaciones se vela. Así, la sociedad se actúa sin ser vista.

El cotidiano indica un modo de reproducción del orden social, en que este muestra -según sea la teoría que lo analice- como inconciente (9), tácito u “objetivado” (10).


  1. La sociedad como orden institucional

Quizá el concepto más estrictamente sociológico sea el de institución (11). Se indica en él estatuto doble de lo social como algo “subjetivo en su origen” y “objetivo en su manifestación”. Instituido, el orden social es cuestión de formas y sujetos en un relación recursiva en que los sujetos dan forma a lo social y lo social da forma a los sujetos. La cotidianeidad puede ser entendida como la zona en que las instituciones se presentan como la realidad común, de origen natural y de modo corriente.

Saber/deber

Las reflexiones avanzadas hasta aquí, son aplicables al campo general de las sociologías de la vida cotidiana. En todas ellas son discernibles estos mismos supuestos: intersubjetividad, obviedad, reproducción social por el sentido común. En este apartado, se formula un criterio de discusión al interior de estas escuelas, según pongan sus acentos, al referir lo cotidiano como una cuestión de saber común o de un deber-social. Sentido común y autoridad social parecen ser los ejes de articulación de lo obvio en lo que tiene de interés sociológico.

Y es que lo obvio y naturalizado puede indicar lo mismo a una estructura cognitiva común o a una normativa social.

Una institución es un modelo de referencia de un actor. Como modelo, compartido y no tematizado como tal o cuestionado, puede referir tanto a la condición “moral” o a la condición “epistémica”. Un modelo es, en principio, un modelo de lo que es socialmente valorado o un modelo de lo que es socialmente “real”.

  1. Las instituciones como saber

Desde esta perspectiva, como en la fenomenología de Shutz (12) y sobre todo en Berger y Luckmann (13), las instituciones regulan la imagen de realidad que portan o actúan los sujetos de una sociedad. Interpretaciones que tipifican actores y acciones, y que circulan como un saber común a todos los sujetos que participan de dicha sociedad. Orden instituido, que se sabe como realidad y no como instituciones. Sentido de realidad que define los lugares y sentidos de la relación identidad-mundo. Código de signos con que se “conoce” la realidad.

En la etnometodología, desde su propia nominación por Garfinkel como “método del conocimiento común” (14), y en la clásica proposición de Berger y Luckmann como una “sociología del conocimiento común”, el polo “saber” queda resaltado como el tipo de objetos con los que trata esta perspectiva.

En Garfinkel, lo que está en observación es el modo en que llegamos a producir la ‘realidad’ que damos por cierta y verdadera. Análisis de los procesos de veridicción que culminan en la obviedad.

En Berger y Luckmann, cuyo planteamiento desarrollaremos en extenso en el apartado siguiente, encontramos una genética del saber común. La cotidianeidad es el producto de un trabajo de definiciones compartidas de lo que estableceremos como la realidad, y una vez hecho,deviene la realidad objetiva(da) en la que nos movemos.

  1. Las instituciones como deber

Las instituciones, como en Durkheim, regulan lo que los sujetos perciben como debido o lo que corresponde (l5) a cada sujeto como parte del colectivo o de su sociedad. Enfoque normativista, que señalael rango de autoridad como constituyente de lo social. En otros términos, un entendimiento de lo social como un sistema normativo, en que las instituciones definen -como en los hechos sociales- “modos de hacer, pensar y sentir, coercitivos y exteriores” a cada sujeto y situación en particular.

Lacotidianeidad puede definir un modo de participar del sistema normativo, que se caracteriza por el hecho de que la “autoridad” que funda y hace exigible la norma, no es observada ni discutida. Cuando una moral social -que sirve a una perspectiva- se naturaliza y absolutiza como la verdad sin más. El relativismo de la oposición bueno/malo, se suspende en la inmediatez por participación inconciente o no reflexiva del orden moral, contingente e histórico, que las distingue.

En la sociología crítica -desde Gramsci (16) hasta Ibañez (17)-, la pregunta por la cotidianeidad pone el acento en la doble dimensión de todo saber socialmente pertinente: son saberes que fundan deberes. Reglas, leyes, mandatos, a los que el sujeto debe “responder”. La cotidianeidad no sería simplemente el espacio de un intersubjetivo que comparte un saber. El saber es “ideológico” en el sentido que sus verdades orientan y motivan a sujetos, los rigen como “llamados” que esperan una respuesta ajustada. La sociedad no es vista, por esta perspectiva, sólo como un sistema de objetivaciones que han borrado su origen; la sociedad es vista también como un sistema de comunicación estructurado, como un sistema de preceptos normativos -que dicen lo que se debe hacer o decir.

La subjetividad no quedaría regulada por la sociedad solo al nivel de los saberes -incluido el saberse-. Quedaría regulada todavía en un segundo nivel: como subjetividad inscrita en el orden simbólico que lo reclama como “responsable”, que le supone con el sentido del deber.

Una sociología de la vida cotidiana puede entender así como una investigación y una teorización sobre la moral y la episteme común de un colectivo. Como el conjunto de representaciones gobernadas por su iniciación caracterisitica: “así es el mundo”, “esta es la realidad”; “esto es lo debido”.

El saber social está instaurado en esta doble pinza. Y por ello, no es lo mismo errar por ignorancia de la norma, que por rebeldía ante la norma.

  1. SOCIOLOGIA DEL SABER COMUN

Esta es la corriente predominante en lo que habitualmente se conoce por sociología de la vida cotidiana. Las producciones más logradas pueden identificarse con Berger y Lucknman (1) Harold Garfinkel (2) y en los trabajos de Sackcs H., Schegloff E, y Jefferson G. (3) en torno al saber conversacional.

Vamos a exponer sucintamente la propuesta etnometodológica y la propuesta de las teorías conversacionales, para detenernos luego en la propuesta fenomenológica.

  1. LA ETNOMEDOLOGÍA DE HAROLD GARFINKEL

Interesa destacar el aporte de esta escuela, en la medida que desde el nombre mismo con que Garfinkel la designa, queda evidenciado su interés por los ‘métodos del conocimiento común’. La etnometodología, puede definirse como el análisis de los procesos formales con que el actor cotidiano ‘entiende’ su hacer y su contexto. Sus procedimientos lógicos, que fundan su certezas y sus evidencias. Al actuar, el actor da por descontado un sinnúmero de saberes que, además, supone conocidos y manejados en igual sentido por sus interactores. Ese fondo de saber común, activado discriminadamente en cada situación social, -cuyo primer enunciado es que, además, es un saber sabido y dado por tal por los otros-, sus reglas y operaciones, es lo que el etnometodólogo estudia como el fundamento de lo (micro) social. Etno, en la medida que estamos hablando de un saber propio de su sociedad de referencia; metodología, en la medida que estamos hablando de los procedimiento formales de conocimiento -y argumentación- manejados por el actor cotidiano.

En este sentido, la etnometodología es el estudio de las condiciones que, regulando la verdad, sostienen la ‘normalidad’ social. En la definición de Mauro Wolff (5):

“Laetnometodologíaes el estudio de los modos en que se organiza el conocimiento que los individuos tienen de los cursos de acción normales, de sus asuntos habituales, de los escenarios acostumbrados” .

E1 énfasis básico de la etnometodología es la eficacia autorealizativa de las ‘presunciones de verdad, o, en términos de Garfinkel, de las ‘asunciones incorregibles’ . Supuesto básico de la interacción social -y de la estabilidad subjetiva- sería el asumir colectivo del carácter cierto e incontrarrestable -aun contra toda evidencia, – de las evidencias dadas por tales. Profecía autocumplida, reflexividad del decir que construye el hacer. “La evidencia no se cuestiona” (6).

“El conocimiento de sentido común de los hechos de la vida social es para los miembros de la sociedad un conocimiento institucionalizado del mundo real. No solo describe una sociedad que es real para los sujetos, sino que, como si fuera una profecía que se autorealiza, las características de la sociedad real son producidas por la adhesión motivada de las personas a tales expectativas de fondo” (7).

  1. LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA REALIDAD: LA FENOMENOLOGÍA SOCIAL DE BEGER Y LUCKMANN

De mayor impacto en la tradición sociológica, la obra de Berger y Luckmann “la construcción social de la realidad”, conecta directamente con la pregunta por las instituciones y roles, conceptos caros a casi todos los planteamientos sociológicos. Coincidente con la propuesta de Garfinkel, se desplaza sin embargo al núcleo de las preguntas sociológicas y propone un entendimiento de la vida social como un sistema de escenarios en que los sujetos reconocen una ‘realidad’ que, al reconocerla, real izan .

Por razones de espacio, parece útil resumir el planteamiento aludido en un conjunto de proposiciones .

2.1. En su nivel más inmediato, la sociedad es un conjunto de acciones tipificadas, distribuidas por actores también tipificados. Acciones típicas y personajes típicos, construirán el fondo del saber común básico para orientar a los sujetos en su medio social. Sin ellas, la sociedad debería en cada momento volver a fundarse.

2.2. La tipificación de las acciones -que reduce su simbolismo posible; esto es, abstrae del conjunto de los sentidos de acción posible, uno o algunos que quedan registrados como el sentido típico de la acción- y de los actores -que reduce entre el conjunto de sujetos a aquellos competentes para realizarlas; esto es, que marca a los sujetos en su versatilidad señalándoles con rótulos que les facultan para desempeñar tales acciones-, es el sustento del sistema institucional de la sociedad. Una sociedad es su sistema de instituciones, que vienen a fijar los roles que deben ser conocidos y asumidos.

2.3 Las tipificaciones de acciones y actores, las instituciones, presentan una pecularidad notable: son producidas por un trabajo social de interpretación y fijación de significado (son socialmente producidas o institucionalizadas), pero luego es borrada la huella de su origen, y advienen como “realidad” absoluta y no contingente. De realidad producida (por el acuerdo intersubjetivo que le asigna significado a las acciones y a quienes pueden desempeñarlas) deviene “realidad” sin más -reificada, la realidad producida de las instituciones, se constituye en realidad a igual título que la realidad física o “natural”.

En este proceso, es crucial el mecanismo de la transmisión intergeneracional o, lo que es lo mismo, la socialización de los nuevos miembros en la enseñanza del mundo social. A1 ser transmitida, la institución borra su génesis social, para ser presentada -y luego representada- como “realidad”.

2.4. Objetivada, la realidad socialmente producida de las instituciones, requiere ser cubierta por un segundo manto de verdad. Las legitimaciones -desde la puntual afirmación de verdad de una máxima, hasta los grandes relatos que trazan los universos simbólicos (religiosos, políticos, etc)- vienen a constituir una escritura de “segundo orden”, que afirma a la realidad con la nota de lo “justo” o “bueno”. Así, quedan ligadas entre sí las instituciones y los diversos órdenes institucionales, afirmando un “mundo” correlativo a la “subjetividad” que encuentra en su identidad y sentido.

2.5. Tipificación, objetivación, legitimación, constituyen los tres ejes de la producción de la sociedad, vivenciable como realidad compartida. En su complemento, la ‘socialización’ de la subjetividad puede ser entendida como el aprendizaje de las instituciones y la inscripción como una identidad en el mundo que los relatos o universos simbólico proponen.

El aprendizaje del mundo social -o lo que es lo mismo, la inscripción como sujeto de la sociedad- encuentra su dispositivo básico en la adquisición del “otro generalizado”. La sociedad se hace presente como intersubjetivo genérico y abstracto, como fondo de verdad y vigilancia para todos los involucrados. Aludiendo el otro generalizado el sujeto puede aprenderse como “uno” entre otros, suspendiendo el “yo” en el “se” que debe dominar todo aquel que quiera ingresar a un determinado mundo institucional. (¿que debe saber “uno”en tal situación?).

Así, la sociedad se muestra como realidad, con sentido, y en la que cada sujeto encuentra su nombre y sus recorridos biográficos posibles.

2.6. En fin, todo el proceso culmina en la escena cotidiana, de la que parte Garfinkel. Hecha la genética de la verdad asumida como realidad, la vida cotidiana queda signada como el espacio en que las instituciones sociales se corresponden punto a punto a las subjetividades que las desempeñan. El mundo está en orden: la sociedad se reproduce y el sujeto encuentra el sentido.

La cotidianeidad pasa a ser así, desde el punto de vista de la subjetividad, el mundo seguro -“en casa”- en que no hay incertidumbre. Solo queda regular los asaltos a esa esfera por las experiencias límites -de la muerte, de la duda, de la guerra, del sueño- a través de los propios megarelatos que organizan nuestra visión de mundo.

2.7 La crisis de cotidianeidad. Cuando no se sabe a qué atenerse o qué pensar. El exterior social de los extranjeros, la muerte y la naturaleza.

Un tal orden está rodeado de ambientes que le inestabilizan. La realidad siempre puede dejar de parecerlo, y dejar al descubierto su comilla, sombras de duda que llevan al sujeto más atrás de la institución, o destellos de deseo que le llevan más adelante de lo real. Preguntas del ¿por qué? o anuncio de algún posible ¿y por qué no?-.

La muerte, es cierta de modos más fuerte que la certidumbre cotidiana. Su presencia -actual, en otros, virtual, en uno- compromete la certeza del saber social. La cotidianeidad deja de serlo cuando el dato de la muerte evidencia el límite de la cultura.

La naturaleza también rodea a la cultura, a la realidad instituida. Y presiona sobre ella como una aletridad irreductible. Sus leyes no se someten a la legislación que crea a la sociedad. Como catástrofe, la naturaleza se hace sentir y deja descubierta la precariedad de lo que se daba por fijo y estable. Como ajenidad, deja la pregunta por la legitimación de su explotación por el trabajo humano, como ha subrayado P. Morandé.

En ambos casos, se desata la duda y es momento también de ver las cosas de nuevo.

En el mismo sentido, opera el dato de toda alteridad propiamente tal. Locos, niños, extranjeros y en general todas las minorías sociales no homogenizadas.

El otro, – a la ciudad o mundo oficial o mayoría- es otro precisamente por su no ajuste subjetivo a la realidad (objetivada por la mayoría social). Su presencia representa o fantasmagoriza la precariedad del mundo del “uno” o su proyección como”nosotros”. Amenaza al sentido de realidad, indicando que las cosas pueden ser de otro modo a como nos parecen o “le parece a uno”.

Por ellos las culturas deben proveerse de ideologías que relegitimen la realidad que instituyen. Ideologías que pasen por encima de la contingencia de la vida cotidiana, explicando la muerte o dando un sentido a la vida, a la relación con la naturaleza, y a la diferencia cultural. Discursos religiosos, cosmogónicos, políticos, que permiten volver a la realidad después de la duda o la evidencia inconveniente. Coberturas de las bases de convivencia.


III. EL MODO DE HABLAR COTIDIANO

Una segunda aproximación a lo cotidiano, que pone en el acento normativo o rector de lo social en lo obvio, puede reconstruirse desde una sociología del discurso. Cotidianeidad sería un modo de indicar un sujeto en una red de conversaciones sociales, caracterizadas por un tipo de enunciación particular.

En esta aproximación, a través de la mediación del lenguaje, quedará resaltada la condición de norma/código del fenómeno social.

  1. Sociedad, subjetividad, lenguaje

Lengua/habla: orden y actuación social

La sociología de los discursos es una posibilidad de resolver uno de los puntos críticos de la sociología: la necesaria articulación entre “sociedad” y “sujeto”, – colectivo/individuo; “estructura” y ” conciencia” o como quiera llamarse a los polos de lo cubierto por la sociología.

Dicha posibilidad se basa en que trabaja con un concepto matriz que tiene una forma doble, una simultaneidad irreductible a una de sus caras. El lenguaje, y en general todo sistema semiótico, articula una cara “objetiva”/Estructura/social con una cara “subjetiva”. Lengua y habla -como el código y su uso (Saussure) o como lo potencial o generativo y lo actual o fenomenal (Chomsky). (1) (2)

Toda semiosis tendría esta doble dimensión que indican, respectiva y dinámicamente a la cara social y a la cara subjetiva del orden de los hechos psico- sociales. (3)

El lenguaje- esto es, el conjunto de discursos posibles- tiene la misma forma que nuestra pregunta.

  1. En un acto -de “facto” o de “habla” (4)-, el sentido se fija en unas estructuras de significación, en unos códigos. El significado es siempre una referencia al código: como en el caso de los “mensajes” en que lo dicho se frota con la lengua respectiva, o como en el caso de las “acciones”, en que el sentido se comprende desde el códigos social respectivo (esto/otro, bueno/malo). En toda acción, comprensible, se realizaría el orden social como la objetividad o transubjetividad del código, como la lengua tras el habla, o como la norma tras el acto. La sociedad sería, como quería Durkheim, del orden de los modelos (“modos de”). Como la “lengua”, modelo y generador del habla, sería “social”. Se ha dicho ya entre lingüistas, que la propuesta de Saussure es tributaria de Durkheim. Ahora, sabemos que la sociología es tributaria de la lingüística estructural de Saussure.
  2. Discursos: la inscripción del su jeto en el orden simbólico

Desde la cara del sujeto, un acto o un dicho le inscriben en el sistema de instituciones de su sociedad. Lugar en que la subjetividad actúa el código social: lo observa -lo escucha y lo cita-.

Al hablar, el sujeto queda en las coordenadas de la enunciación: como sujeto que habla. Soporte de un nombre, de una identidad, que se despliega y se manifiesta en los dichos posibles en su código.(5)

Al hablar o hacer, se reconoce a sí mismo como un sujeto singular en un código que sin embargo es colectivo.

  1. Código/habla: Los modos de hablar

El habla, como uso concreto de un sujeto de un código social, tiene necesariamente una dosis de libertad. En la medida que la subjetividad pueda inscribirse y al mismo tiempo reproducirse como una alteridad, como “conciencia”, el código debe reglar de modo no absoluto. El habla se mueve así entre los límites de la sola “lectura” (recitativa) del código, y como reescritura de un nuevo código.

En toda acto o dicho, la sociedad puede lo mismo reproducirse sin cambio, que comenzar una línea de variación.

Lo cotidiano puede entenderse como uno de los modos característicos de relaciona entre código/habla, o entre modelo/conciencia.

Habla instituyente/habla instituida

La sociedad es del orden de los códigos que regulan los actos y los dichos (6). Como código que codifica “sentido” -en el estatuto subjetivo/antropológico- resulta de una convención. Definición y valoración originada en un habla, en una proposición que la instituye como realidad, como verdad social. El hablar que funda la realidad -que dicta la norma, que establece el comienzo o que en general define las cosas- instituye lo que para el hablar cotidiano será su código. El habla instituyente, semánticamente crea las definiciones, y pragmáticamente establece la estructura intersubjetiva: habla observadora que ocupa el lugar de la autoridad o del poder social. Como dijo Nietszche, “poderosos son aquellos que erigieron en ley los nombres de las cosas”. (7)

Discurso y palabra

Un segundo modo de establecer el modo de hablar cotidiano, puede ser visto en la distinción “discurso” y “palabra”.

“El habla envuelve siempre una polaridad entre el “discurso” y la “palabra”, entre lo general -común a todos – y lo particular -comunicación de singularidades”. (8)

En toda acto o dicho, su sentido es comprensible entre dos modos polares: como cita literal del código -o como intervención -a la manera de los poetas- en el código. Cuando un dicho solo trae significados claros y esperables, gana en significado y redundancia lo que pierde de sentido e información. En una conversación en la que, como ocurre a veces, solo se intercambiaran clichés o tópicos, los signos estarían archicodificados y carecería de todo interés su intento de interpretación -exceso de claridad o aburrimiento-. (9)

A la inversa, si el dicho solo trajera “palabra” nueva, signos inestables, la comprensión sería imposible. Como ocurre también a veces cuando en una conversación los hablantes hablan códigos completamente distintos. Al decir de Lacan: “Cuando te congratulas de haber encontrado a alguien que habla el mismo lenguaje que tú, no quiere decir que te encuentras con él en el discurso de todos, sino que les estás unido por una palabra particular. Se ve pues la antinomia inminente de las relaciones de la palabra y el lenguaje. A medida que el lenguaje se hace más funcional, se vuelve impropio para la palabra, y al hacerse demasiado particular, pierde su función de lenguaje” (9)

El hablar cotidiano puede entenderse como aquellas proposiciones del segundo tipo en ambos casos. Como un hablar instituido, en él se reproduce el código a la manera del habla “trivializada”.

Sin embargo, un tal concepto es inadecuado si se toma al pie de la letra. Lo cotidiano/no cotidiano, entendido como modos de estar en el lenguaje o modos de hablar- son polos que se oponen pero que no se anulan nunca en un dicho o en un acto. Límites en que se mueve la articulación sociedad/sujeto.

  1. E1 modo de hablar cotidiano

Transparencia del mundo -opacidad del lenguaje/sociedad

En el habla cotidiano, el significado se absolutiza como si estuviera puesto por la realidad y no por un esquema observador.

Así, por ejemplo, en las siguientes proposiciones característica del modo de hablar del cotidiano, lo que se obvia es precisamente “el punto de vista”, tomando por verdad (de la realidad) lo que sólo es verosimil (desde el sujeto).

“encuentro que”: el observador encuentra lo que andaba buscando y lo que podía encontrar. En rigor, no encuentra. Describe, y al describir descubre y encubre. Descubre lo que ve y encubre lo que deja de ver. Tras todos esos encuentros, lo que opera es un sistema de preguntas y distinciones propias del observador. Sus observaciones hablan de él, como observador, más que de la realidad .

“me da la impresión” como si lo que percibe fuera una impresión de la realidad en su subjetividad. Relación inmediata en que la realidad grabaría sus huellas en la subjetividad que la observa.

Los dos dichos anteriores indican una relación del sujeto con sus observaciones, más o menos genéricas al hablar cotidiano. Es la modalidad del observador cotidiano, en que la semántica de sus observaciones se revela solo en su actualización, pero deja implicitada su estructura. -uno habla castellano, olvidándolo. Si lo recuerda, de algún modo comienza a hablar de modo extracotidiano, hablando del castellano-.

Los nombres de las cosas les suplantan como la realidad misma. Las cosas dichas -por y entre sujetos, como todo lo que importa a la ciencia social- son tomadas como hechos que hablan. Como si la realidad hablara.

El hablar tópico. Como se sabe

Tal conceptualización, permite dar cuenta de los “tópicos”, o lugares comunes como componente central y característico de lo cotidiano. Un tópico es por definición una proposición que se toma por realidad compartida y no discutible. “…como se dice…”. Por lo general, una voz amparada en alguna autoridad que le asigna el estatuto de realidad. Así, el habla es sólo lectura o recitación del código social. El sujeto de enunciación queda inscrito en los enunciados, hablando la lengua común. Como en los editoriales que se escriben de modo que el lector puede ocupar el lugar del editorialista (“se piensa que”; “la opinión pública”). O como en los jingles publicitarios en que cada uno de los sujetos que lo escuchan pueden decirlo o repetirlo. Palabras para ser repetidas al ser leídas o escuchadas. Re-citables.

En todas ellas, el hablante transmite un dicho que construye una imagen de la realidad. Lo significativo es que todos ellos no necesitan de un sujeto de enunciación presente y activado. Pueden ser dichos por cualquiera. Son voces sin origen, sin huellas de enunciación. Observaciones que simulan Realidad, dejan al sujeto de enunciación como lector. Dada por vista, y así no se ve como algo por ver. Como realidad dada, la sociedad deja de reflexionarse como sociedad: producida, no natural. Producto de la producción de la sociedad por los sujetos.

La subjetividad queda así plegada a los programas sociales, sin distancia. Ausencia radical de reflexividad, en que lo observado es también observado como tal .

Salidas desde lo cotidiano: preguntas, humor, ironía

Fuera de la obviedad, la subjetividad queda dispuesta a la escritura y ante la amenaza de la segregación o expulsión -las cotidianeidades, las sociedades vigentes, se protegen siempre contra el otro que las evidencia como normatividad-.

Sin embargo, un exceso de ideología y de obviedad afecta la reproducción, en el ciclo largo, del sistema social. La circulación del sentido, en su repetición armónica, no basta para regular el cambio: continuamente, la sociedad debe investigarse, o lo que es lo mismo, abrirse a los restos no codificados de deseo e interés de la subjetividad, para proponerse nuevos signos y nuevos discursos.

La cotidianeidad debe ser excedida en alguna medida, para que la subjetividad participe de algún grado de libertad -sólo así puede fundarse la responsabilidad como algo distinto a la obediencia o acatamiento- y para que la cotidianeidad pueda reproducirse cambiando. La regulación de esos restos de deseo e interés, que presionan sobre la ley -en el lapsus, en la escritura, en la observación, en la protesta extrasistémica o en la deserción de las masas (l0) – sería el dispositivo clave de la regulación de la dinámica social.

El cuestionamiento a la norma evidencia el origen de la norma y así puede llegar a mostrar a su autor. Cuestionamiento que es, de algún modo inevitable, una interpretación del interés al que sirve esa norma.

  1. En la ironía:

En el gesto -que cubre al acto o al dicho- irónico, el sujeto lo mismo se pliega que rehúsa a la normatividad. Rompimiento por exceso de celo -como en las socorridas, a nivel de manuales más que en la práctica, huelga del funcionario público-, en que la norma queda revelada en su literalidad inoperante. Indicación que manifiesta la paradoja de la ley, que al cumplirse falla. Fórmula general de “sí, pero no”.

  1. En la risa:

En la risa que acompaña al dicho al acto humorístico, el sujeto está dos veces ante la norma. Como disciplinado por ella, y como riéndose de ella. Así, de modo esquemático, en el expediente del chiste: un relato que transcurre en un cierto sentido -isotopía, en la formulación de J. A. Greimas (l l) – cambia de improvisto su dirección provocando el efecto que gatilla la risa. Juego con el entendido que nadie sostuvo, salvo por la tácita aceptación de la norma -en este caso, semántica.

  1. En la pregunta: (12)

Otro modo de jugar con las normas, rompiendo el campo de obediencia que inaugura, supone el gesto mayor de la pregunta. En la pregunta, el sujeto toma la palabra en sentido fuerte. Deja de responder precisamente porque se pone a preguntar. La normalidad social, como quería Platon, funciona sobre la base de una ley de leyes, que viene a decir sobre aquellas que está prohibido preguntárseles por su sentido. Puesto en pregunta, la norma no funciona.

El juego social, que articula un sistema de preguntas o deberes desde la autoridad, con un sistema de respuestas o deberes, para los sujetos, se manifiesta como tal cuando el conocimiento -del que responde- es reemplazado por la duda o la apertura del que pregunta.


IV CONEXIONES

Las perspectiva reseñadas en los apartados anteriores, son argumentos y saberes que participan de diversos otros campos de la sociología actual. Entre ellos, me parece que están centralmente vinculado a la cuestión metodológica (cualitativo/ cuantitativo; primer orden/segundo orden) y a las condiciones de una sociología de la comunicación (opinión pública, cultura, sistemas socioculturales, organizaciones, teoría de la conversación).

  1. Conexión metodológica: la distinción cuantitativo/cualitativo.(13)

La investigación social que quiere dar cuenta del cotidiano, debe asumir la mediación subjetiva de su objeto. Lo cotidiano son siempre vivencias para un sujeto, que les asigna un significado de acuerdo al código de su colectivo o sociedad. Asumir esta mediación subjetiva – y verbal o semiótica – complica una aproximación análoga a los métodos de las llamadas ciencias naturales -funda lo que desde Dilthey entendemos como ciencias del espíritu, o desde Weber “ciencias de la acción”, o más ampliamente “ciencias del sentido”-.

Desde ese punto de vista, la distinción entre metodologías cualitativas y cuantitativas alcanza un plano de debate en que las primeras pueden formularse en sus propios términos -y no sólo como una alternativa menor, o por déficit de precisión y univocidad, a las segundas.

La perspectiva cualitativa muestra su potencia al poder asumir los rasgos propios de un objeto “que habla”: observador interior- (emic), sujeto inscrito en unas coordenadas sociales (estructural). Conocer lo cotidiano, es conocer como conoce (emic) no un individuo, cuanto un sujeto socialmente posesionado (estructural).

Igualmente, al entender que lo cotidiano ocurre al nivel de los fenómenos, puede preguntar por su génesis. En el hecho y en el acto cotidiano (fenomenal) se actualiza un código o una competencia (generativo).

Con todo, la diferencia de poder y valor en el campo cotidiano, vuelve a poner en discusión la propia diferencia cuantitativo-cualitativo. Desde una perspectiva epistemológica -que sitúa la diferencia entre observador y observado y la acción del primero sobre el segundo- la diferencia metodológica tiende a aplanarse. Ambos enfoques se inscriben en un mismo episteme de control, en el que la función del conocer o informarse es desempeñada no por el conjunto social sobre sí mismo, sino por una parte del conjunto sobre el resto. La observación de observaciones, ya sea de un modo cualitativo o cuantitativo, reproduce la sepalación de Observadores y Observados. (14)

La cotidianeidad, al mostrar al orden social precisamente allí donde éste es observado sin ser visto, deja la pregunta por la conexión social del observador externo.

Las utopías emancipatorias siempre vuelven al punto del que las metodologías cualitativas parecen ser -y pueden llegar a serlo, pero no en su uso actual- una nueva promesa: la asunción colectiva de la palabra, derribando la frontera que separa a los que dirigen de los dirigidos, o a los que observan de los observados. Para generar un orden de comunicación “reversible” (Baudrillard) o bien para volver a abrir los códigos, volviendo a la simbólica, a la comunicación abierta, necesariamente en contra el signo. Utopía de la inversión del proceso de reducción semiológica en un proceso de expansión simbólica(l 5). Vuelta de lo ambivalente, de lo que hay que interpretar. Vuelta a los símbolos y su “dar que pensar” ( 16).

  1. Conexión de “objeto”.Sociologías de la comunicación

La distinción cotidiano/extracotidiano es propia de todas las sociologías que entiendan a su objeto como “orden comunicacional”. La cotidianeidad es uno de los modos de los procesos comunicacionales de un sistema.

  1. Sociologías de la cultura

Así, los estudios de “opinión pública”, “representaciones colectivas”, “percepción”, “discursos”, remiten de un modo u otro al campo de lo cotidiano. En cada caso, se trata de como los distinto colectivos sociales “ven”, o más propiamente “hablan/ escuchan” una zona de sus vivencias. Lugar de análisis del sentido común y de lo obvio que constituye al colectivo.

Igualmente, 1a cotidianeidad pasa ser un concepto útil para todos los que entiende a la sociedad como un sistema socio-cultural, en que lo se regula es el sentido disponible.

Así por ejemplo en la escuela crítica de Fankfurt, y en sus reinterpretaciones posteriores (como J. Ibañez), que tienen por objeto la “industria cultural” o el “consumo” y el “consenso”en la sociedad actual (1).

  1. Teorías de los sistemas sociales

La cuestión del observador cotidiano es tratada productivamente también desde las corrientes que intentan una perspectiva sistémica en la sociología. (2) Desde estas corrientes, lo social es analizable como un proceso de construcción de códigos que fundan las observaciones de los sujetos. Como sostiene M. Arnold, ” solamente los sistemas socioculturales y los sistemas psíquicos están organizados sobre la base del sentido … justamente a través del sentido compartido se logra generalizar un código de expectativas..” (3).

En lo más propio, la teoría de sistemas permite avanzar en la cuestión del segundo orden y del primer orden. Así, el analista -por ejemplo común, de “organizaciones”- opera como un observador segundo de lo que constituye el operar cotidiano -observación primera- del sistema investigado.

En esta misma dirección, se ubica el planteamiento de F. Flores en su teoría de la coordinación de acciones a través de la coordinación de dichos. La base de reproducción, y al mismo tiempo el lugar del rediseño posible, se encuentra en el “penetrante trasfondo de lo obvio” que Flores ubica en la dimensión pragmática del lenguaje. Su análisis de las conversaciones parte, de hecho, revelando lo implicitado pragmático en un dicho de acción. El rediseño posible del sistema pasa por una intervención en la escucha obviada en el acto de habla del operador. (4)

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICA S

  1. Pike K., PUNTOS DE VISTA ÉTICOS Y ÉMICOS PARA LA DESCRIPCIÓN DE LA CULTURA. En SMITH A. (Comp.) COMUNICACIÓN Y CULTURA, VOL.I, BUENOS AIRES, NUEVAS VISIÓN, 1972.
  2. Dilthey W., EL MUNDO HISTÓRICO, FCE, MÉXICO, 1944.
  3. Weber M., ECONOMÍA Y SOCIEDAD, INTRODUCCIÓN. CONCEPTOS METODOLÓGICOS. FCE, Varias ediciones.
  4. Para el concepto de intcrpretacion, Ricoeur P., "TEXTO, TESTIMONIO Y NARRACIÓN", ED. ANDRES BELLO, SANTIAGO, 1975; también en Baudrillard J., "REQUIEM POR LOS MEDIA", En "CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA DEL SIGNO", SIGLO XXI, MADRID, 1975.
  5. Goux J.J., "LOS EQUIVALENTES GENERALES EN EL MARXISMO Y EL PSICOANÁLISIS", CALDEN Editores, Argentina, 1973.
  6. El concepto de "llamado de atención", puede verse en la noción althuseriana de ideología (¡Hey Tú!).
  7. Fundamento de las nociones de "alienación"/"reificación", tratadas lo mismo en Marx (MARX K., LA IDEOLOGÍA ALEMANA) que en la propuesta de Berger y Luckmann. (Berger P. y Luckmann T., LA CONSTRUCIÓN SOCIAL DE LA REALIDAD, AMORRORTU, 1979.
  8. Natural conecta, etimológicamente, con "nacimiento" (natividad, nación, naturaleza). Ver COROMINAS Diccionario etimológico de la lengua castellana.
  9. Así en la propuesta de Lacan "Dios es inconciente".
  10. Berger P. y Luckmann T., Op. Cit.
  11. Al respecto, la aclaradora introducción de Durkheim a la segunda edición de sus "Reglas... Allí, Durkheim señala la equivalencia entre su concepto de "hecho social" con el más usado de "institución".
  12.  Shutz A., Fenomenología del Mundo social; Paidos. Berger P. "El Dossel sagrado", Amorrortu; "Introducción a la sociología".
  13. Op. cit.
  14. Garfinkel H., THE ORIGINS OF TERM "ETHNOMETODOLOGY" En TURNER R., ETHNOMETODOLOGY Editorial Penguin, Londres, 1974.
  15. Así en el concepto básico de "solidaridad", entendible como una corresponsabilidad de los sujetos ante el sistema normativo del colectivo.
  16. "El sentido común es el cancerbero del espíritu" Gramsci A., "EL MATERIALISMO HISTÓRICO Y BENEDETTO CROCCE".
  17.  Ibáñez J., "Para una sociología de la vida cotidiana", Siglo XXI, 1994.
  18. Palabras que leen textos de autoridades sociales -religiosas, políticas, "publicitarias"- que han estabilizado lo posible en una realidad -como lo que está escrito, o lo cierto, o la ley natural, o el empotramiento del signo en el mundo publicitado.
  19. Berger P. y Luckmann T., Op. cit.
  20. Garfinkel H., STUDIES IN ETHNOMETODOLOGY, ENGLEWOOD CLIFFS, PRENTICE-HALL, 1967.
  21.  Sacks, H. Schegloff E., Hefferson G., A SIMPLEST SYSTEMATICS FOR THE ORGANIZATIONS OF TURN-TAKING FOR CONVERSATION. LANGUAGE 50, págs. 696-735.
  22. Wolff M., SOCIOLOGÍAS DE LA VIDA COTIDIANA, CÁTEDRA, 1988. Págs. 110 Y SIGUIENTES.
  23. Wolff, op.cit.
  24. GARFINKEL H., CITADO POR WOLFF M., Op. Cit.
III.
  1.  Saussure, F, CURSO DE LINGÜÍSTICA GENERAL, LOSADA, 1945.
  2. Chomsky, N., TOPICS IN GENERATIVE GRAMMAR, MOUTON, 1966.
  3.  Voloshinov V. N., EL SIGNO IDEOLÓGICO Y LA FILOSOFÍA DEL LENGUAJE. NUEVA VISIÓN, 1976.
  4. Para el concepto de "acto de habla", ver Austin J., HOW TO DO THINKS WITH WORDS, OXFORD, UNIVERSITY PRESS,1962. Searlej. J., "WHAT IS A SPEECH ACT?", EN "THE PHILOSOPHY OF LANGUAJE", OXFORD, U. PRESS, 1971.
  5.  Navarro P., "EL HOLOGRAMA SOCIAL", SIGLO XXI, 1994.
  6. La expresión es una variación, acentuando la cara código, de la propuesta de Ibáñez "el orden social es del orden del decir".
  7.  Bordieu P., ¿QUÉ SIGNIFICA HABLAR?, Editorial AKAL.
  8. La distinción es cenlral en el planteamiento de J. Ibáñez. "MÁS ALLÁ DE LA SOCIOLOGÍA", primera edición, pág. 205.
  9.  Lacan J., CITADO POR IBÁÑEZ op.cit.
  10. Véase Baudrillar J., A LA SOMBRA DE LAS MAYORÍAS SILENCIOSAS,
  11.  Greimas A.J. y Courtes J., SEMIÓTICA. DICCIONARIO RAZONADO DE LA TEORÍA DEL LENGUAJE. GREDOS, 1982.
  12. Canetti entiende a la pregunta como literalmente con un "aguijón": algo por sacarse antes que algo a responder.
  13.  Delgado J.M. y Gutiérrez J., Editores,"MÉTODOS Y TÉCNICAS CUALITIVAS DE INVESTIGACIÓN SOCIAL", SÍNTESIS, MADRID 1994.
  14.  Ibáñez J., "EL REGRESO DEL SUJETO", SIGLO XXI 1994; AMERINDA 1989.
  15. Aludimos a la noción de Baudrillard para definir ideología: reducción semiológica de lo simbólico.
  16. La expresión es de Ricoeur P., en "FREUD, UNA INTERPRETACIÓN DE LA CULTURA", SIGLO XXI, 1970.
IV.
  1.  Hahermas J., "HISTORIA Y CRÍTICA DE LA OPINIÓN PÚBLICA", GRIJALBO. Ibáñez J., "PUBLICIDAD, LA TERCERA PALABRA DE DIOS", EN "PARA UNA SOCIOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA", Op. cit.
  2. En esta línea, es pionero el texto de Buckley W., "LA SOCIOLOGÍA Y LA TEORÍA MODERNA DE SISTEMAS". En Chile, el texto de Arnold M. y Rodríguez D., "TEORIA DE LOS SISTEMAS SOCIALES", EDITORIAL UNIVERISTARIA, 1993.
  3.  Arnold M., TEORIA DE SISTEMAS. NUEVOS PARADIGMAS: ENFOQUE DE NIKLAS LUHMANN, FLACSO, 1988.
  4.  Flores F., INVENTANDO LA EMPRESA DEL SIGLO XXI, HACHETTE, SANTIAGO, 1991.
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